Sucursal Alfonso Reyes 66, Col. Condesa
Viernes 17.40 pm
Compañía: jefe
Situación: hambre de sólo haber desayunado 10 horas antes
Entramos dos porteños a la reconocida parrilla, Abel habitué y yo debutante. Pocas mesas, serán unas 7 u 8, ambiente típico de parrillita (un poco de nostalgia) y hambre para mil. Nos recibieron con un poco de buen pan y dos salsas: una argentina atenuada – chimichurri desmayado- y otra que, más que una salsa, era un gesto para entablar un puente con el país que nos acoge.
De entrada, provoleta al centro. Buena pinta. Afuera crocante, adentro… FRÍA! Imperdonable.
Plato fuerte, vacío con puré. Una porción de carne bien dimensionada, que, como la entrada, prometió más de lo que cumplió. Punto de cocción dudoso, y otro golpe bajo: faltaba sal.
Conclusión
Buenas intenciones, plagadas de gestos diplomáticos de traducciones gastronómicas, que no responden ni al ambiente (a pura caricatura de idiosincrasia y fileteado), ni al nombre del lugar, que no admitiría tibiezas.
Cuidada experiencia superficial y falta de foco en los aspectos esenciales. Amable pero no conforma: Souvenir de aeropuerto.
Balance
Vuelvo si estoy muy antojada y paga otro.
No hay comentarios:
Publicar un comentario