domingo, 16 de octubre de 2011

Tout Chocolat, Tout Amour


Amsterdam #154, Colonia Condesa

Coquetea con los transeúntes desde sus fachadas vidriadas (que exhiben el corazón de este taller de artesanías en chocolate), rematando con el sobrio toque MOULIN ROUGE de la marquesina. Tout Chocolat es el pasaje obligado para quienes no consideramos el chocolate solamente como un deleite, sino que lo experimentamos como el mismísimo paraíso. 

Llegamos en bicicleta, a tomar un café en la pausa del almuerzo de un día laboral cualquiera, y es allí donde radica la magia de este espacio. Cruzando el umbral te envuelve un aroma a irresistible, que completa todas las fantasías que ibas pergeñando mientras observabas la fuente surgente de chocolate en el escaparate. Simple y efectivo, en los primeros pasos un exhibidor te acerca a los interesantes presentes que, en bolsitas cristal, te puedes permitir. El gran acierto de la mesa: las galletas bretonas de chocolate. Tres pasos más adelante, desde un mostrador refrigerado te guiñan el ojo los clásicos rediseñados de la repostería internacional. Ideal tomarse un momento de relax con un café muy digno más cualquiera de estas delicias, mi elección: espresso con macaron de frutos rojos. También aquí cabe el válido aporte de uno de mis colegas, que insiste en que sus Éclairs au Café son los mejores de la Ciudad de México.
El broche de oro es, sin riesgos de equivocarme con la metáfora,  una barra-vitrina que despliega con la elegancia de Tiffany & Co. unas delicadas joyas de chocolate. Como una verdadera colección, los bombones tienen las más variadas inspiraciones y reinventan emociones, transportándote a nuevos lugares. Los imperdibles: cuadraditos de infusión de Earl Gray, o de Litchi con Frambuesa, y media esfera de caramelo con mango y maracuyá.
Conclusión
Acertada alquimia de sabores  en un pequeño microcosmos. Su visita se presenta como un ideal recurso para huirle a la rutina, una experiencia que estimula todos los sentidos y culmina con el deleite de las excelsas artesanías que el lugar ofrece, más la yapa de llevarse a casa un pedacito de paraíso en caja.
Balance
Vuelvo siempre que puedo: bombones son amores.

domingo, 2 de octubre de 2011

"El 10", un 6


Sucursal Alfonso Reyes 66, Col. Condesa
Viernes 17.40 pm
Compañía: jefe
Situación: hambre de sólo haber desayunado 10 horas antes


Entramos  dos porteños a la reconocida parrilla, Abel habitué y yo debutante. Pocas mesas, serán unas 7 u 8, ambiente típico de parrillita (un poco de nostalgia) y hambre para mil. Nos recibieron con un poco de buen pan y dos salsas: una argentina atenuada – chimichurri desmayado- y otra que, más que una salsa,  era un gesto para entablar un puente con el país que nos acoge.
De entrada, provoleta al centro.  Buena pinta. Afuera crocante, adentro… FRÍA! Imperdonable.
Plato fuerte, vacío con puré. Una porción de carne bien dimensionada, que, como la entrada, prometió más de lo que cumplió. Punto de cocción dudoso, y otro golpe bajo: faltaba sal. 
Conclusión
Buenas intenciones, plagadas de gestos diplomáticos de traducciones gastronómicas, que no responden ni al ambiente (a pura caricatura de idiosincrasia y fileteado), ni al nombre del lugar, que no admitiría tibiezas.
Cuidada experiencia superficial y falta de foco en los aspectos esenciales. Amable pero no conforma: Souvenir de aeropuerto.
Balance 
Vuelvo si estoy muy antojada y paga otro.